Alek aguardaba de pie en la sala de espera, como siempre. Su abrigo rosa chicle dormía aún desparramado sobre el asa de su mochila y sus ojos luchaban todavía por mantenerse abiertos.
Era muy temprano y el bullicio de aquel habitáculo subterráneo comenzaba a ser más potente. Mientras su papá se ocupaba de algunos papeleos, Alek, que no hablaba mucho, se entretenía observando a los demás niños: cómo jugaban, con quién jugaban, dónde jugaban...
Con la mirada clavada en uno de ellos, la atención de Alek se desvió sin querer hacia una de aquellas manos grandes, aparentemente siempre pegadas a las de los niños ("no te caigas, no toques eso, no corras, no te subas ahí, no grites..."), que intentaba apartar a un niño con caracolillos por pelo del armario de los juguetes.
"Siempre igual, ¿no puedes estarte quieto ni un minuto?"
En ese mismo momento, otra niña recibía una reprimenda...
"¡No grites! ¿No te das cuenta de lo temprano que es?"
Y en la esquina opuesta...
"¡Te vas a caer, no te subas ahí!"
Alek dejó de escuchar. ¿Cuántos "noes" había registrado en el rato que llevaba ahí de pie? ¿Cuántos de ellos habían provocado el efecto que su emisor pretendía? Demasiados... y ninguno.
¿Por qué los mayores se empeñaban en hacer las cosas tan difíciles? A lo mejor, sólo a lo mejor, si cambiaran un poco la forma del mensaje...
"Para un poquito, cariño, ahora vienen a buscarte."
"Cielo, vamos a intentar hablar un poco más bajito, que hay más gente."
"Me preocupa que te puedas caer, ten cuidado por favor."
"Los niños somos listos", pensó Alek. "Podemos y queremos comprender las maneras que los mayores tenéis de dirigiros a nosotros. Entendemos, cuando nos lo explicáis, que os preocupéis por nosotros y nos queráis cuidar. Lo que pasa es que... a veces, nuestras ganas de explorar, conocer, aprender y saber pueden sobre cualquier precaución que vosotros podáis tener. Tenemos que caernos para probar nuestro cuerpo, debemos equivocarnos para aprender cómo lograr lo que perseguimos y sí, ya sé que muchas veces os rechazamos, pero...nos gusta sentir que vosotros, los mayores, estáis a nuestro lado por si necesitamos ayuda, aliento o límites (porque... aunque no nos gusten, los límites también son necesarios).
Sabemos que podemos ser desquiciantes y que ponemos a prueba los nervios de cualquiera. Somos niños. Vosotros también lo fuisteis, tenedlo presente. Queremos aprender y os necesitamos. Por favor, tened paciencia. Gracias."
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